2o. Dom.
de Pascua Ciclo C (Id=266)
Crecía el número de los creyentes en el Señor
Lectura del libro de los Hechos de los
Apóstoles
5, 12-16
En aquellos días, los apóstoles realizaban muchas
señales milagrosas y prodigios en medio del pueblo. Todos los creyentes solían
reunirse, por común acuerdo, en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían
a juntárseles, aunque la gente los tenía en gran estima.
El número de hombres y mujeres que creían en el Señor iba creciendo de día en
día, hasta el punto de sacar en literas y camillas a los enfermos y ponerlos en
las plazas para que, cuando Pedro pasara, al menos su sombra cayera sobre
alguno de ellos.
Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén, llevando enfermos y
atormentados por espíritus malignos; y todos quedaban curados.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo
Responsorial
Del salmo 117
La misericordia del Señor es eterna.
Aleluya.
Confitémini Dómino quóniam
bonus, quóniam in saéculum misericórdia eius.
Diga la casa de Israel: Su misericordia
es eterna; diga la casa de Aarón: su misericordia es eterna; digan los que
temen al Señor: su misericordia es eterna.
La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
Confitémini Dómino quóniam
bonus, quóniam in saéculum misericórdia eius.
La piedra que desecharon los
constructores es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es
un milagro patente. Este es el día del triunfo del Señor: día de júbilo y de
gozo.
La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
Confitémini Dómino quóniam
bonus, quóniam in saéculum misericórdia eius.
Libéranos, Señor, y danos tu victoria.
Bendito el que viene en el nombre del Señor; que Dios desde su templo nos
bendiga; que el Señor, nuestro Dios, nos ilumine.
La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
Confitémini Dómino quóniam
bonus, quóniam in saéculum misericórdia eius.
Estuve muerto y ahora, como ves, estoy vivo para siempre
Lectura del libro del Apocalipsis del
apóstol san Juan
1, 9-11a. 12-13. 17-19
Yo, Juan, hermano y compañero de ustedes en
la tribulación, en el Reino y en la perseverancia en Jesús, estaba desterrado
en la isla de Patmos por haber predicado la palabra
de Dios y haber dado testimonio de Jesús. Un domingo caí en éxtasis, y oí a mis
espaldas una voz potente como de trompeta, que decía:
"Escribe en un libro lo que veas, y envíalo a las siete comunidades
cristianas de Asia".
Me volví para ver quién me hablaba; y al volverme vi siete lámparas de oro, y en medio de ellas a un hombre vestido de larga túnica, ceñida a la altura del pecho con una franja de oro. Al contemplarlo caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo sobre mí la mano derecha, me dijo: "No temas, yo soy el primero y el último; yo soy el que vive. Estuve muerto y ahora, como ves, estoy vivo por los siglos de los siglos; yo tengo las llaves de la muerte y del más allá. Escribe lo que has visto: tanto sobre las cosas que están sucediendo como sobre las que sucederán después". Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Tomás, tú crees porque me has visto. Dichosos los que creen sin haberme visto,
dice el Señor. Aleluya.
Quia vidísti me, Thoma, credidísti, dicit Dóminus: beáti qui non vidérunt
et credidérunt.
Ocho días después, se les apareció Jesús
† Lectura del santo Evangelio según san Juan
20, 19-31
Gloria a ti, Señor.
Al anochecer del día de la resurrección, estando
cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a
los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo:
"La paz esté con ustedes".
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al
Señor se llenaron de alegría.De nuevo Jesús les dijo:
"La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los
envío yo".
Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo:
"Reciban el Espíritu Santo: a quienes les perdonen los pecados, les
quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin
perdonar".
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando
vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
"Hemos visto al Señor".
Pero Tomás les contestó:
"Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi dedo en los
agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré".
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada, y Tomás
estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos, y les dijo:
"La paz esté con ustedes".
Luego le dijo a Tomás:
"Aquí están mis manos, acerca tu dedo; trae acá tu mano y métela en mi
costado. No sigas dudando, sino ¡cree!"
Tomás le respondió:
"¡Señor mío y Dios mío!"
Jesús añadió:
"Tú crees porque me has visto. Dichosos los que creen sin haber
visto".
Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero
no están escritas en este libro. Se escribieron éstas para que ustedes crean
que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo en él tengan vida
en su nombre.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.